¡Me puse la camisa de fuerza!

Pensé que la practicidad que me caracteriza nunca iba a mostrar algún destello positivo: y menos por los múltiples problemas que me trajo en varias ocasiones.

Hoy, a casi un mes de haber asistido por primera vez con psiquiatra, concluyo que ser práctico me ayudó y me hizo pedir ayuda. 

Estando enfrente del doctor en su consultorio, estaba viviendo el tercer momento en mi vida en el que pedía ayuda para cuidar de mi salud mental. En mí nunca hubo un prejuicio en ir al psicólogo; sin embargo, sabía que para mucha gente a mi alrededor iba a estar muy cabrón decirles que estaba asistiendo con el psiquiatra. 

En retrospectiva, cuando repasé mi proceso de diagnóstico de TLP, tuve que deshacerme de la idea de que, ir con el psiquiatra es sinónimo de que estamos perdidos. Desde mi experiencia, creo que el psiquiatra no debe tratarse como “un siguiente nivel”. Para mí, el psiquiatra es ir con cualquier otro doctor que, a base de un diagnóstico, te recomienda lo mejor para ayudarte. Ahora bien, mi pensamiento no es el mismo con las pastillas, pero eso será en otro diario. 

Quiero que recuerdes que este espacio, está basado en mi experiencia siendo diagnosticado con TLP, y no es, ni será nunca, un espacio de recomendaciones o guía. Si algo estoy seguro, es que el proceso de cada quien es diferente. ¡No hay dos procesos iguales!

Ahora sí, retomando nuestra conversación. La primera vez que asistí con el psiquiatra recuerdo que estaba sentado en la calle tomando un café en una mano y con un cigarro en la otra. Aunque muchos podrían juzgarme, el cigarro me ha ayudado (o al menos así lo veo por ahora) a enfrentar este gran reto que tengo enfrente. 

Recuerdo que emocionalmente estaba apagado, como si este gran paso que iba a ser fuera cualquier cosa. Ahora que lo recuerdo, inconscientemente pensaba que iba a ir con cualquier doctor a revisarme porque tengo una gripe. 

Mi cita era a las 10:00 AM y bien cumplido, llegué diez minutos antes. Tuve que esperar a que llegara el doctor porque no podía pasar. El nervio comenzó a entrar en mí, cuando vi que el doctor venía retrasado. No voy a mentirte, me pasó por la cabeza irme. Mi cabeza me decía que era una señal del destino, que mi problema no era para tanto. Afortunadamente, cuando estaba por levantarme, el doctor llegó y me llevó a su consultorio. 

La siguiente lección que aprendí es que, en mi experiencia, debes estar dispuesto al proceso, a las recomendaciones y a sus efectos secundarios si quieres buscar una solución. Así que mi postura frente a la consulta fue así. 

Desde el minuto uno, hasta el minuto cuarenta, le conté al doctor todo lo que me pasaba, todo lo que sentía. Los momentos que habían sido parte aguas en mi vida y que yo consideraba me habían llevado hasta ese sillón. De hecho, recuerdo muy bien que por mi cabeza pasaba la idea de que yo tenía que aprovechar esos cuarenta y cinco minutos porque ya no podía más con esta carga. 

Llegó un momento que marcará mi vida para siempre, y fue cuando me recetó los medicamentos. En esos cinco minutos en los que me hablaba de medicamentos, de dosis y de lo que él consideraba como diagnóstico, recuerdo que solamente veía y escuchaba ¡Bla, Bla, Bla! Muy en el fondo, no podía creer que yo hubiera llegado hasta el punto de tomar medicamentos. 

¡Yo, que durante mucho tiempo me las di de controlador!, no tenía ni mi propia vida controlada. ¡Tenían que darme pastillas, porque solo no iba a poder! Si ya iba rendido al proceso, en ese momento decidí soltarme por completo y dar el salto de fe. 

Hasta ese momento solamente éramos el doctor, mi receta y yo, pero al abrir la puerta de su consultorio, me vi reflejado en una paciente que estaba en la sala de espera. Es fecha en que no puedo describir su mirada. En ese momento me puse una camisa de fuerza solito. Me había autoestigmatizado y lo único que me dije fue: ¡Carajo, esto está muy jodido, acabó de salir del loquero!

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Soy yo.

Treintón y diagnosticado con TLP (borderline, si le haces al english). Era un problema que no tenía en mis planes, pero ahora que lo tengo y vivo con TLP, pues no hay de otra, más que intentar seguir adelante. ¡Sí, leíste bien! Intentar, porque la neta no es fácil. No saco mi cara, porque todavía no estoy listo, así que dame chance..